Mis palabras no pasarán

Nos acercamos al final del año litúrgico. Dentro de 15 días se abrirán las puertas de un nuevo año litúrgico recibiendo un nuevo Adviento –Venida- que vuelva acompañarnos por las sendas siempre nuevas de una historia que se reestrena. Volverán los cantos de esperanza, los villancicos de Navidad, la alegría de un comienzo que ilumina de nuevo, y, mejorado, el camino tantas veces transitado. Antes de esos días, no obstante, hemos de echar una mirada atrás, a los kilómetros de caminos que hemos transitado desde el último Adviento-Navidad que ya quedaron atrás.

1. Final de etapa. Cada año es una etapa en el camino, no es el final del camino. Cada año es una puerta que se cierra porque otra se abre. Mientras vivimos no estamos en el aire. Todo pasa, pero todo queda. “Lo nuestro es pasar haciendo caminos”. La experiencia de nuestra propia vida es un argumento a favor del paso de un tiempo que no termina y que cambia. Echamos una mirada atrás, a hace unos años –para no pocos, una mirada a muchos años-, que no han terminado, pero sí cambiado. Y una mirada a la sociedad nos enseña todos los días que “las cosas” más diversas desaparecen en beneficio de otras que aparecen. A veces lo llamamos “modas”; y seguramente con frecuencia lo son. Otras veces no son modas, son pasos que miran adelante, aunque a veces un tropezón en esos “avances” frene los entusiasmos de la novedad, aparezcan las dudas y se ralentice el caminar. Casi todo pasa, poco permanece.

2. El futuro encandila. El futuro tiene embrujo. ¿Quién no ha echado una mirada hacia el futuro de su vida, de la sociedad? ¿Quién no ha hecho planes para el futuro? ¿Quién no ha soñado alguna vez en su vida? Y como el futuro se espera y desea, aunque no se posee, no hay tiempo más “espléndido”, y a la vez enigmático, que el tiempo futuro. El futuro resiste cuanto en su contra pueda decirse. El presente no puede desmentir el futuro, carece de argumentos en contra, sólo tiene sospechas, que no es poco. De ahí que el futuro suela ser “glorioso”. Las visiones que encontramos en las lecturas de este domingo son un canto al futuro. Es un canto que sólo los “agoreros” desprecian por principio. Ni siquiera se atreven a negarlo las personas que llamamos “sensatas”, los pronósticos “bien cimentados”, las experiencias de tantos “cuentos” como quedaron en las veredas de los caminos de antaño. El canto a lo novedoso encandila a mujeres y hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación. La literatura profética, tan presente en la liturgia católica, está transida de estas visiones glamurosas, que, de una u otra manera, cantan a la novedad que siempre ven ya en germen. Isaías y Apocalipsis van a la cabeza de estas visiones de novedad ya iniciada. “He aquí que voy a hacer una obra nueva, que ya está germinando: ¿no la veis?” (Is 43,19). “Y dijo el que estaba sentado en el trono: he aquí que hago nuevas todas las cosas” (Apoc 21,5).

3. “Mis palabras no pasarán”. Y en esta atmósfera de cambio permanente se alzan algunas palabras que parecerían helar tanto entusiasmo. Y son palabras que pronunció Jesús (y que nos recuerda la liturgia de hoy): “El cielo y la tierra [es decir: todo] pasarán, pero mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe”. Y “las palabras que yo os he hablado son espíritu y vida” (Jn 6,63). Jesús habla en futuro: “El Hijo [Jesús]… reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte”. Y el futuro, que es cierto, no es evidente. Y, además, repitámoslo, es de lo que aún no se posee, aunque se espera poseerlo. Por eso, el futuro y la esperanza van unidos. Y “la esperanza no defrauda” (Rom 5,5). La esperanza que nace de la fe y se dirige al futuro es una actitud –o virtud- nada fácil, pero ampliamente consoladora. El futuro nos espera y hacia él caminamos, el futuro temporal y eterno. Cada año damos un paso hacia ese futuro que tan halagüeño describen quienes ya han traspasado el umbral del tiempo.

Moraleja: “Caminamos hacia el monte de Sión” y… hacia otros montes y alturas, unos monte y alturas que es preciso alcanzar, porque están bastante distantes de nuestra llanura.

0
0
0
s2smodern